El nuevo siglo

January 12, 2000

 

Instalados ya en el nuevo siglo —y hasta en el nuevo milenio—, y tras la magra visita de los Reyes Magos, los mexicanos nos disponemos a iniciar una nueva etapa de nuestra controvertida, sufrida y polémica historia. Apenas se han apagado los fuegos fatuos de la gran celebración mundial que permitió a la humanidad olvidar sus miserias, sus rencillas y sus desesperanzas: por unos instantes, lo mismo en la Plaza Mayor de Madrid que en la Torre Eiffel, en Times Square, en la Plaza Roja o en el Zócalo de la ciudad de México, todos vitoreamos, entre vapores etílicos, pólvora quemada y efusivos abrazos, el arribo al año 2000. Ahora, terminada la fiesta, es necesario revisar el escenario de un desarrollo desequilibrado e injusto donde los ricos son cada día más ricos y los pobres más pobres (y desde el punto de vista demográfico los primeros son cada día menos y los segundos cada vez más).

En nuestro contexto nacional, necesariamente tenemos que abordar el tema de los comicios del próximo 2 de julio para elegir al Presidente de la República y renovar el Congreso Federal, que aparentemente habrán de celebrarse bajo un nuevo signo: el de la democracia. ¿Qué tan cierto es esto? ¿Qué tan real es la participación de las grandes masas en nuestro proyecto político? La verdad es que, al parecer, el único cambio consiste en que la repartición del pastel se habrá de extender ahora a las cúpulas de los principales partidos nacionales, en vez de concentrarse en la ya desgastada nomenclatura del partido oficial.

Todos los indicadores apuntan a un nuevo triunfo del PRI. Por increíble que parezca, el presidente Zedillo resultó más avezado en las lides de la manipulación política de lo que se le creía. Ha propiciado la renovación priísta, de tal suerte que todo cambió para quedar igual, ejerciendo a plenitud el famoso gatopardismo. Junto con sus bisoños operadores —pero sin duda efectivos—, como Liébano Sáenz, Diódoro Carrasco, José Antonio González Fernández, Emilio Gamboa, Beatriz Paredes, y con la participación estelar del intocado e intocable niño de oro Esteban Moctezuma, ha manejado los resortes del poder y la ambición y ha resucitado al muerto hasta lograr lo inaudito.

Frente a este panorama, la oposición ha visto mermadas sus posibilidades con un Fox desgastado ante la opinión publica, cuyo carisma corrió la misma surte que el emblema de su partido —es decir, se convirtió en una silueta, una simple sombra); un Cárdenas apabullado por propios y extraños, que no ha podido recuperar los viejos laureles del 88; y tres inteligentes candidatos que servirán de excelentes patiños para pulverizar al electorado: Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Camacho Solís y Gilberto Rincón Gallardo, todos capaces, diestros en las lides políticas, dignos de una mejor suerte, lástima que sean peones en el ajedrez del gran poder.

La estrategia gubernamental dará como resultado que, de aquí al mes de julio, los simpatizantes de Fox decrezcan cotidianamente, al igual que los de Cuahutémoc (aunque no tanto), y que los tres candidatos restantes quiten a la oposición los votos suficientes para evitar cualquier sorpresa desagradable. Lo único que tiene que hacer Francisco Labastida es permanecer, mantenerse, seguir la corriente, no cometer errores graves que lo pudieran alejar de su objetivo. Tiene que acordarse todos lo días de la suerte que corrió Luis Donaldo Colosio.

El escenario internacional que más nos interesa y afecta es el de la elección presidencial en Estados Unidos, donde al parecer el joven George Bush quiere devolver el poder a los mafiosos surgidos de los sótanos de la CIA, del espionaje y según algunos también del crimen organizado. Por ello fue importante la gran negociación, cuyos términos desconocemos, que le otorgó al actual candidato priísta una increíble victoria sobre sus contrincantes y una inverosímil cifra de 10 millones de votos cibernéticos. En fin, son cosas de alta y baja política en que los simples mortales sólo podemos especular y atenernos a los chismes y rumores.

Año nuevo, misma vida, mismo partido, misma medicina neoliberal. Seguiremos, pues, uncidos al carro imperial que nos arrastra y que permite a los inversionistas de la Bolsa de Valores seguir manteniendo sus utilidades a costa de la miseria de la población, y que mantendrá la paridad del peso hasta las elecciones con carretadas de dólares para construir "blindajes financieros" (después, el diluvio y un nuevo "plan de choque"). A lo mejor estamos equivocados y los que tenemos que cambiar somos quienes deseamos  un país nacionalista, soberano y justo. Cosas veredes: los intereses creados o la fábula del zorro y las manzanas.

 

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