El cuerpo como arte

June 30, 2000

 

De que el arte es una apreciación, y se encuentra en el ambiente, no cabe duda alguna; se capta con la vista, con los demás sentidos y también con el espíritu. Existe desde luego quien sólo concibe el arte como una expresión plástica o escultórica; pero es importante poseer sensibilidad para adivinarlo en cualquier sitio en que se encuentre, ya que toda expresión del ser humano es capaz, por sí misma, de convertirse en manifestación artística.

Existen cuerpos yertos, inmóviles, laxos, sin expresión alguna, que sólo comunican su propia alienación del espacio y tiempo en el que viven. Pero hay cuerpos con alma que son ágiles, despiertos, graciosos, estéticos; quizá el mejor ejemplo de esto, en el siglo XX —y que afortunadamente aún pervive entre nosotros en los inicios del siglo XXI—, fue el genio francés de la expresión corpórea, Marcel Marceau, quien va mucho más allá de la simple mímica, pues crea un arte a partir de del discurso corporal. Tras contemplarlo, queda uno maravillado de que alguien, con esa sensibilidad es capaz de hacer con su cuerpo sin escenografía, sin auxilio de valiéndose solo de un juego de luces. Conoce su ser hasta la ultima fibra, el último músculo, y lo mueve con genio artístico.

Como pintora he tenido que estar siempre pendiente del cuerpo humano. Desde la niñez comencé a dar mis primeros trazos, y mi imagen reflejada en el espejo fue lo primero que tomé como modelo. Más tarde comencé a dibujar los cuerpos en su entorno, primero como simple inquietud, reconociendo con la vista las dimensiones, las expresiones; después fue menester aprender la conformación cierta y simétrica del cuerpo, y para ello fue necesario adquirir conocimientos de anatomía, ciencia que estoy segura acaba siendo más útil para el pintor o escultor, que para los propios médicos. Recordemos a Leonardo.

Cuando se estudia la plástica con profesionalismo, con la decisión de hacer una carrera artística, y se ingresa a alguna academia, se comienza a trabajar con modelos, a descubrir el cuerpo humano para plasmarlo en el lienzo. En ese momento se mide la propia capacidad para recoger la expresión corporal y, con un estilo propio, llevarla a la obra pictórica. A través de los años, ya acostumbrado a trabajar con múltiples modelos, se descubre la diferencia rotunda entre unos y otros. A veces nos enfrentamos a un cuerpo de formas casi perfectas, pero que no proyecta nada, por lo que es difícil interpretarlo, convertirlo en obra, puesto que la falta de expresión artística del modelo se refleja en el autor; en otras ocasiones tenemos la suerte de estar frente a un verdadero artista que, al posar, lo hace con imaginación y talento, facilitando el trabajo del pintor, convirtiendo el encuentro en auténtica simbiosis. Se trata de un sincretismo tal que el modelo o la modelo —y es prudente señalar que casi siempre son mujeres— llega a percibir la obra como suya y se siente íntimamente ligada a ella; con orgullo adivina, al contemplarla, lo que aportó como artista.

Por eso me encanta la idea —y sin rubor la aplaudo— de que una modelo profesional, como Teresa Sánchez, que lleva muchos años posando para el arte y con arte, se haya tomado el trabajo de pedir alguna obra —ya sea óleo o dibujo— a los artistas que la han pintado, no sólo para hacer la historia de quienes la han representado sino, con un sentido más profundo, hacer una recuento de su propia evolución y así construir una muestra de su propio arte, de cómo ha convertido el modelaje en una atractiva expresión artística. Lo que Teresa pronto realizará es, más que una exposición, una prueba contundente de que es una artista del cuerpo, una cultivadora de ese arte diferente. Ella nos confirma que esa misteriosa entidad humana no es una materia muerta, sin gracia, sin sentimientos profundos, todo lo contrario cada sujeto posee identidad, formas, ideas y realidades diversas.

Su colección de dibujos y óleos de desnudos es la historia de un cuerpo en movimiento. Es la prueba de un arte que se desarrolla en el espacio bajo condiciones complejas; de cómo alguien que comenzó simplemente posando, descubrió su genio artístico y fue conociendo su esencia, y luego posó para ayudar al pintor, complementándose con él, fundiéndose en sus emociones, entendiéndolas y buscando en su propio cuerpo las respuestas requeridas por el artista plástico.

Para reunir esta muestra y compartirla con orgullo fueron necesarios el cuidado y la acuciosidad de Teresa. Lo más importante es que, a través de sus esfuerzos, podemos observar que su cuerpo también es arte; que a final de cuentas, para llegar a nuestras conciencias y a nuestra sensibilidad, muchos y muy importantes artistas han pintado para ella y con ella. Su caso nos evoca a la Gala de Dalí, la madre de Urtillo, o la inconfundible Esperanza de Zúñiga. En fin, son muchos las mujeres y hombres que, con devoción, paciencia y talento, se han entregado a este sublime y no muy reconocido arte.

 

Please reload

Entradas destacadas

Láminas viejas convertidas en obras de arte

May 3, 2016

1/3
Please reload

Entradas recientes

September 18, 2020

September 11, 2020

September 4, 2020

August 21, 2020

July 31, 2020

July 24, 2020

Please reload

Archivo
Please reload

Buscar por tags