Aborto y cultura

April 4, 2007

 

La cultura tiene mucho que ver con un tema tan candente y debatido en nuestros días, como es el aborto.

Diría, para empezar, que ese vínculo se desdobla en dos grandes vertientes.

Por un lado, la cultura en el sentido de todo el conjunto de valores, actitudes, costumbres y prejuicios que gravitan en torno a un concepto –o práctica, de hecho– dentro de la sociedad, en nuestro caso la mexicana, que al parecer se mantiene confrontada por partes iguales a favor y en contra de la despenalización del aborto.

Por otro, las posiciones, responsabilidad social y propuestas que la comunidad cultural podría y debería asumir, que es el punto que en esta ocasión me interesa abordar.

Así, me parece que los y las artistas tenemos un papel importante que desempeñar a partir de nuestra condición ciudadana, pero a la vez porque disponemos de espacios y herramientas para expresarnos, mismos que deberíamos optimizar para contribuir a causas que incidan en la evolución de nuestro país y el mundo, en especial cuando a todos se nos exige dar nuestra opinión y comprometernos con cambios que arrojen beneficios sociales.

Un primer paso sería sumarnos a las campañas de información y orientación, cada cual desde su propia trinchera artística, llámese pintar, escribir, actuar o hacer música, para ayudar a que le quede bien claro a la ciudadanía de qué tamaño es el problema y sus alternativas de solución. Esto resulta muy importante, pues más allá de maniqueísmos que obligan a decir sí o no al aborto, hay que procurar todo un acopio informativo y luego difundirlo de la mejor manera para dejar en claro cuáles son las causas del aborto, cómo se lleva a cabo en la realidad en términos de la salud, de qué manera podemos prevenirlo, cuáles son las premisas de las que parte el proyecto de ley que en breve se discutirá en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. En fin, una visión integral que a su vez permita ubicar mejor el problema y dilucidar las soluciones más adecuadas.

Y en estos procesos de comunicación colectiva, nuestra tarea es participar activamente, cada quien de acuerdo a su conciencia, ya sea en exhibiciones públicas y populares, perfomances, exposiciones, conciertos y otros espectáculos, alusivos o no, o en diversas tribunas, pero que abran la discusión, el diálogo y, desde luego, la tolerancia, y contribuyan a definir las acciones que deberán impulsarse en el futuro.

Más allá de la aprobación de una ley que se aprecia ya irreversible, surgen muchas preguntas; por ejemplo, si la ciudad de México posee la infraestructura, los recursos y el personal médico que se requieren en cantidad y calidad para atender a miles de mujeres que acudirán a estos centros hospitalarios, mismos que a veces carecen hasta de una venda o algodón esterilizado.

Pero, independientemente de estas consideraciones, creo sobe todo que debemos poner el énfasis en los programas de educación sexual en escuelas primarias y secundarias, e incluso en el ámbito de la enseñanza media y superior, así como en la difusión y reforzamiento de los medios anticonceptivos, como la pastilla del día después, que evitarían en grado mayor el insalubre clandestinaje, el deceso doloroso de cientos de mujeres al año, y la desolación psicológica y social de quienes abortan, que suele ser “muerte en vida”.

En otras palabras, tendríamos que hacer nuestro mayor esfuerzo para lograr reducir al mínimo los casos de aborto, pero dejarlo como opción con las causales pertinentes para quien lo requiera.

Se trataría entonces, idealmente, de evitar al máximo los embarazos no deseados y dejar el aborto como una excepción válida, pero nunca como una constante que provoque daños individuales y sociales.

 

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