Adiós a los Caudillos

August 17, 2007

La crisis en el PRD se ahonda cada vez más, y aunque son muchos los grupos –o tribus– que se confrontan, todo parece indicar que se registran dos grandes tendencias: los “pejistas” y los “no pejistas”.

De un lado, los que asumen las posiciones de Andrés Manuel López Obrador desde que perdió las elecciones, es decir, el desconocimiento de Felipe Calderón como presidente y por tanto la  egación al diálogo, a sus iniciativas y acciones de En la contraparte (aunque no sea tan visible en las declaraciones, lo es  crecientemente en los hechos) se ubican quienes pretenden, con una perspectiva más sensata, liberarse de caudillos para entrar a la vida institucional, pues saben de los altos costos que el partido y sus candidatos han tenido que pagar en la opinión pública y los electores debido a sus decisiones fuera de la realidad y, como lo prueban las encuestas, por las  osturas maximalistas que los colocan cerca de unas cuantas minorías y muy lejos de la mayoría ciudadana. Los escenarios de lucha se extienden lo mismo en las instancias del partido que en las cámaras legislativas y los gobiernos estatales. No hay, pues, por fortuna, una sola directriz, sino que empiezan a discutirse los asuntos de acuerdo con un modelo horizontal, apegándose a un sistema más

democrático que para ser creíble debe empezar al interior del propio partido. Sin embargo, hay opositores a estas transformaciones y signos de retroceso a cargo de grupos minoritarios que encuentran cobijo y cierta garantía de supervivencia –cargos, diputaciones y recursos– bajo un  squema de sometimiento frente al poder autoritario del caudillo en turno, todavía con fuertes Vienen días y situaciones difíciles, que más allá de retóricas voluntaristas en torno a una supuesta unidad, van a ser pruebas definitivas para comprobar si el PRD evoluciona hacia un estatus institucional o se empantana en la autocracia. Mientras tanto, veremos divisiones que ahora se exteriorizan, por ejemplo, frente a la conducta que adoptarán los legisladores perredistas en el Primer Informe del presidente Calderón; en la sanción más o menos dura para Ricardo Monreal por apoyar a otros partidos (el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista) en las recientes elecciones de Zacatecas; en las posturas que se debatirán en el Congreso Nacional Extraordinario que se celebrará en estos días (del 16 al 19 de agosto), con una clara y refrescante mayoría de izquierda, así como en otras cuestiones que irán configurando el perfil que adquirirá en el futuro cercano el En todo caso, deberíamos aceptar que estas nuevas realidades son un signo anticipado de cambios que deseamos se impongan, pues México requiere de un partido de izquierda inteligente, incluyente, tolerante, enemigo de la violencia y abierto al diálogo. Así sea.

 

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