20 años de Casa Lamm

November 22, 2013

Ya desde los lejanos tiempos en que se erigió esa bella casona donde hoy se ubica el Centro de Cultura Casa Lamm, se estaba ante un valioso inmueble que con los años se convertiría en parte del patrimonio cultural de la capital de la República.

Ahora, a ese valor habría que sumar otro, tanto o más relevante: la profusa y trascendente tarea cultural y educativa que desde 1993 nos aporta la Casa Lamm.

Hoy, en efecto, esa hermosa y bien conservada residencia ubicada en la esquina de Orizaba y Álvaro Obregón, en la colonia Roma, es toda una Casa de Cultura –así, con mayúsculas– que irradia beneficios invaluables a nuestra ciudad.

Un lugar digno de ser visitado una y otra vez, pues siempre está pleno de actividades interesantes: presentaciones de libros, talleres, conferencias, diplomados, y hasta maestrías y doctorados.

Su propósito, como definen sus propios directivos, fue desde un principio “... crear un espacio plural para el estudio y difusión de las artes, así como el intercambio de ideas y expresiones artísticas a partir de diferentes actividades”. Así, lo mismo se imparte la licenciatura en historia del arte, que maestrías en arte y en apreciación y creación literaria o el doctorado en historia del arte, junto a diplomados y seminarios sobre literatura, historia del arte, historia de México, arqueología, pintura y escultura, filosofía, música y cine. Hay, asimismo, exposiciones temporales de artistas tanto mexicanos como extranjeros. Visitar su biblioteca es también toda una experiencia, pues alberga casi 12 000 volúmenes y cientos de videos, así como y el archivo fotográfico formado por Manuel Álvarez Bravo para Televisa.

Pero remontémonos a ese pasado apasionante para conocer los antecedentes de este lugar, que en las dos décadas más recientes ha tenido una labor tan benigna en el ámbito educativo y cultural; es decir, una “memoria de un pasado con presente”, de acuerdo con el documento que nos hiciera llegar nuestra amiga Cecilia Gómez Haro, directora administrativa de Casa Lamm, junto a una cordial invitación para celebrar justo estos primeros y grandiosos veinte años, el 13 de noviembre de 2013.

La historia, en síntesis, es ésta:

“Hacia 1900, la ciudad de México está dividida en 8 cuarteles mayores y 32 menores, demarcaciones político-administrativas cuyo origen proviene del sistema virreinal. Sin embargo, los síntomas de sobrepoblación que comienza a padecer a principios de siglo plantean la necesidad de resolver las demandas habitacionales de una sociedad que se expande a pasos agigantados. Este fenómeno urbano, aunado al liberalismo económico del general Díaz, da como resultado las primeras compañías inmobiliarias de nuestro país.

“A partir de las Reglas para la admisión de nuevas colonias hasta el inicio de la revolución, en el D.F. se desarrollan 19 colonias. Capitales nacionales y extranjeros se vinculan a funcionarios gubernamentales a fin de garantizar el aval de los proyectos. La fundación de núcleos residenciales que respondan a las exigencias del momento queda así limitada a un puñado de inversionistas.

“En 1903, el gobierno federal otorga a La Compañía de terrenos de la Calzada de Chapultepec, S.A. el permiso de fraccionar los predios del Potrero de la Romita, ahora conocidos como la Colonia Roma. Estas tierras, originalmente propiedad de la familia Lascurain, habían sido compradas con anterioridad por la propia sociedad inmobiliaria que, con un capital de $800,000.00, estaba representada por Pedro Lascurain, Gabriel Morton, Cassius C. Lamm, Edward N. Brown y Edward Orrin. Además de su participación en la inmobiliaria mencionada, Orrin y Lascurain, junto con Porfirio Díaz Jr., conforman La Compañía de la Colonia Condesa, S.A. y en sociedad con Cassius, Oscar y Lewis Lamm, constituyen la Compañía de la Colonia Roma Sur, S.A.

“La presencia de estos últimos, accionistas a su vez de la Compañía de la Colonia Roma S.A., dedicada a la construcción y venta de casas, se incrementa notablemente en las empresas en las que participa Pedro Lascurain.

La ausencia ocasionada por sus actividades políticas termina por delegar en los Lamm el negocio inmobiliario, como lo demuestra el poder otorgado a Lewis Lamm el 13 de agosto de 1914. La sociedad capitalina abandona las viejas casonas coloniales ubicadas en el actual centro de nuestra ciudad para instalarse a lo largo del Paseo de la Reforma, colonia Juárez y Cuauhtémoc, extendiéndose después hasta consolidar las recién creadas Roma y Condesa.

“El desplazamiento de la elite porfirista hacia zonas urbanas novedosas origina la ruptura con la tradición arquitectónica virreinal. La evolución estilística que se manifiesta tipifica un periodo profundamente influenciado por corrientes culturales análogas a las que afectaron a la alta sociedad europea, especialmente la francesa. La admiración por el viejo continente se traduce en grandes edificaciones de carácter ecléctico, xenófilas por excelencia, reflejo de una clase burguesa mexicana incapaz de crear un estilo propio y contemporáneo.

“Una de las muestras más representativas de la corriente artística que predomina en la primera década del siglo XX, es la casa situada en Álvaro Obregón # 99, colonia Roma. Concluida en 1911, la elegancia de su composición, la grandilocuencia de sus proporciones y recursos ornamentales, confirman el afán por recoger todo aquello que remitiera a lo aristocrático, la ideología de una generación que, al recrear paisajes urbanos semejantes a los suburbios de las cosmopolitas ciudades europeas, pretende reafirmar su respetabilidad, así como la nobleza y brillo de su posición.

“Aunque en un principio el inmueble fue proyectado como casa-habitación de su arquitecto, Lewis Lamm, la familia nunca llega a vivirla. Renta la propiedad a los maristas, quienes la transformaran en el Colegio Francés Jalisco para varones. Años después, los conflictos derivados de la Cristiada motivan que Lewis Lamm solicite a los religiosos la devolución de la finca, suscitándose entre ellos una seria disputa debido al lastimoso estado en que la recibe. A raíz de su muerte, acaecida en 1939, Elena Martínez Meoqui viuda de Lamm vende en $100,000.00 la casa a la familia García Collantes quien, al reservarla para su uso hasta 1990, la libra de la destrucción indiscriminada que sufren la mayor parte de las edificaciones de la época al caer en manos de constructores indiferentes al valor histórico que representan.

“En 1993, se inician los trabajos de restauración que habrían de devolverle su antiguo ropaje. No obstante la pérdida de algunos de sus elementos originales, de los muros percudidos por polvo de años, de la cantera hasta hace poco oculta bajo hiedras caducas, de los pisos marchitos de olvido, de los salones, jardines y sótanos anidados por ecos de voces y risas gastadas, la casa de Álvaro Obregón # 99 cobra nueva vida, despojándose de su carácter residencial para convertirse en el Centro de Cultura Casa Lamm”.

No se pudo haber tomado mejor decisión. Fue un magnífico y noble destino el que se le dio a esta imponente casona centenaria.

Felicidades a Casa Lamm. Deseamos que cumpla muchos, muchos años más, para bien de nuestra ciudad, de la educación y la cultura.

 

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