Nuestro gran museo

September 26, 2014

Bien es sabido que nuestro patrimonio histórico cultural está considerado como uno de los más relevantes de la humanidad. Sin embargo, a lo largo del tiempo se han extraviado o, de plano, han sido robados muchos de nuestros tesoros, que en ocasiones se vendieron a museos del extranjero o a coleccionistas privados.

No fue sino hasta ya entrado el siglo XX, con creación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) –que, por cierto, el pasado febrero cumplió 75 años–, cuando se empezó a catalogar y resguardar nuestro patrimonio.

Ahora, en ocasión del 50 aniversario del Museo Nacional de Antropología e Historia, se anunció la recuperación por parte de México de un documento de enorme valor para nuestra historia. En la ceremonia principal para celebrar el primer medio siglo de este inigualable museo, se le hizo entrega del Códice Chimalpahin, documento histórico que fue adquirido por el INAH a la Sociedad Bíblica de Londres, que lo resguardaba desde el siglo XIX. La adquisición fue un hecho sin precedentes para la recuperación del patrimonio nacional, pues a punto de que el códice saliera a subasta en Londres a través de la casa Christie’s, el INAH logró negociar con los dueños del documento y convencerlos de que lo mejor era venderlo a las autoridades mexicanas para que volviera a su lugar de origen.

La obra está integrada por tres volúmenes –realizados con amate, piel, fibra de maguey, tela de algodón y papel europeo– que incluyen manuscritos del siglo XVII elaborados por dos historiadores de ascendencia indígena: Domingo Chimalpahin y Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Los textos fueron recopilados por Carlos de Sigüenza y Góngora y representan el inicio de la historiografía mexicana sobre la vida cotidiana, la sociedad y política mexicas, así como de la Nueva España del siglo XVI. Sus primeras palabras son más que significativas: “Aquí comienza la

crónica y antigüedad de los mexicanos”.

En la ceremonia participó ese sabio mexicano que es Miguel León Portilla. Vale la pena retomar algunas de sus afirmaciones, que de verdad nos iluminan en relación con el Museo que cumple cinco décadas. Para empezar, lo describe así:

“Es como el templo de la mexicanidad” que contiene nuestras raíces. Por eso, el maestro emérito de la Universidad Nacional convocó a que todos conozcan y disfruten este lugar: “que vengan miles y miles de niños, miles, millones de visitantes mexicanos y extranjeros”.

En su exposición, León-Portilla se refirió a los expertos que hace más de medio siglo concibieron ese recinto y pidió al secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet, que conceda a este museo el apoyo necesario para que siga realizando con éxito sus funciones. Recordó que en 1962 se celebró en la Ciudad de México el 32 Congreso Internacional de Americanistas –del cual él mismo fue secretario–, que reunió antropólogos, historiadores interesados en investigar las culturas de los pueblos indígenas. En la sesión de clausura de aquella reunión se presentaron diferentes proyectos, entre los que se incluía el de construir un nuevo museo nacional de antropología. Los otros cómplices de la iniciativa eran Eusebio Dávalos Hurtado, entonces director del Instituto Nacional de Antropología e Historia; Ignacio Bernal, quien era presidente de ese congreso y llegaría a desempeñarse como director del museo en su antigua sede de la calle de Moneda, así como Alfonso Caso, “figura señera de la arqueología y de la antropología mexicana”.

Cuenta León Portilla que el presidente Adolfo López Mateos les respondió que sí autorizaría la construcción del nuevo recinto, pero con la condición de que se hiciera en un máximo de dos años para que él pudiera inaugurarlo durante su periodo presidencial. Entonces, se invitó al arquitecto Pedro Ramírez Vázquez para diseñar el museo y coordinar su edificación. A la vez, se crearon comisiones de diversos grupos de arqueólogos, etnólogos y arquitectos para planear la

construcción.

Hoy, el Museo Nacional de Antropología e Historia es importante por varias razones, a decir de León Portilla: “En él se alberga, se custodia y se muestra la riqueza enorme de la cultura mesoamericana y del norte de México. Somos una cultura originaria, una cultura que se desarrolló por sí misma [...]; eso le confiere una significación enorme”. Además, “... aquí está el mayor conjunto de obras que hoy vemos como arte: pintura, cerámica, escultura...”

Otro mérito del museo es que cuenta con una pinacoteca; “desde la entrada está el magnífico cuadro de Rufino Tamayo con la luna, el jaguar, es maravilloso”.

Unos 200 cuadros acompañan las diversas salas, donde hay obras Leonora Carrington, Pablo O’Higgins, Rina Lazo.

“Y, finalmente, este recinto vibra con México, no es un interés meramente académico el que tiene, es un interés vital. [...] Viene a ser la presentación plástica viviente, real, no inventada, de las raíces más hondas en el ser de México”.

Desde su inauguración, el 17 de septiembre de 1964, hasta nuestros días, este espléndido museo nos muestra la grandeza de nuestra cultura con todo su esplendor, de lo cual nos debemos sentir inmensamente orgullosos. Por eso, además de felicitar al Museo Nacional de Antropología en su aniversario 50, nos debemos felicitar todas y todos por contar con esta noble institución.

 

 

 

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