Todos somos Niza

August 2, 2016

 

Escuché ayer La Marsellesa, el himno francés que todos conocemos, y les confieso que me emocionó y me llenó de esperanzas. Estos sentimientos se mezclaron con mi indignación por los trágicos acontecimientos que ensangrentaron a Niza el pasado 14 de julio, justo el día de la fiesta patriótica francesa, cuando un terrorista a bordo de un camión de 19 toneladas arrolló y acribilló a la multitud que celebraba el día de la independencia nacional en la ciudad de los Alpes Marítimos, con un saldo de más de 80 muertos.
El día que nos enteramos de esos lamentables hechos quedamos conmocionados a la vez que muy preocupados porque suponíamos que los sistemas de inteligencia y seguridad en Francia habían logrado controlar los intentos de ataques terroristas. Sin embargo, queda claro que el mal anidó ya dentro de la propia sociedad francesa, como se ha evidenciado en los últimos ataques terroristas en esa nación. Y, peor aún, no hay duda de que esos terribles hechos podrían repetirse con resultados aún peores a los ya muy graves registrados hasta ahora.
Por eso, ojalá que Europa en su conjunto, con el respaldo de Estados Unidos y las Naciones Unidas, reaccionen y se constituyan ya en un sólido frente para contener y combatir esas acciones criminales motivadas por el fanatismo ideológico.
Es también un imperativo que los ciudadanos de los países musulmanes, donde se gestan estas células fanáticas y violentas, actúen drásticamente hasta expulsarlas. Y no se trata, claro está, de limitar o –menos aún– censurar ninguna creencia religiosa o ideología política, sino enmarcarlas en la tolerancia y el respeto mutuo. Y en caso de que surjan nuevas confrontaciones, aplicar la diplomacia y la negociación internacional para superarlas, con un sentido de equidad y justicia para las partes involucradas.
A estas alturas del siglo XXI no deberían registrarse ya esas acciones de odio y venganza. Más aún nos preocupa que Francia haya comenzado con represalias a través de bombardeos a Irak y Siria. Es comprensible, aunque no debiera ser la respuesta habitual, pues en lugar de acabar con el origen del conflicto podría constituirse en el inicio de una conflagración mundial.
Necesitamos avanzar más hacia una concepción de conjunto, global o planetaria, con una visión de desarrollo equitativo en los órdenes económico, social, educativo, tecnológico y medioambiental, que garantice prosperidad y paz para todos. 
Tenemos que aspirar a lograr un nuevo arreglo mundial, aunque el reto sea muy complejo o casi imposible de alcanzar.
Hay que decidirse y enfrentar a fondo a estos núcleos radicales cuya cobardía y maldad son un cáncer que debe extirparse pronto para que no se extienda ni siga dañando a más seres humanos.
Desde luego, nos solidarizamos con Francia y las familias que fueron afectadas con estos crímenes, pero sobre todo exigimos, como ciudadanos del mundo, que comparezcan los culpables y sean castigados como lo merecen, así como extirpar los actos terroristas que a momentos parecen incontenibles e impunes y que nos tienen preocupados y, sobre todo, muy indignados.

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