Un inolvidable Homenaje Parte I


Me siento sumamente abrumada y conmovida pues esta semana viví uno de los días más felices de mi existencia: el reconocimiento que me brindó la Secretaría de Cultura, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes, por mis 50 años como artista plástica. Por eso, hoy quiero compartir con ustedes, lo que sentí y dije en tan significativa y trascendente encuentro. Confesé si, que cada vez que he visitado este hermoso Palacio de Bellas Artes, lo mismo para presenciar una atractiva exposición, que escuchar un gran concierto, o bien interesantes presentaciones de libros, me he sentido envuelta por un gozo diferente, cierta de que tan hermoso y emblemático recinto, siempre agrega y enaltece lo que ocurre en su interior. Un sentimiento que se engrandeció y me cimbró como nunca, pues consideré casi increíble estar ahí festejando, medio siglo ya como artista plástica. Quizá nunca, como ahora, miré hacia dentro y reconocí tanta belleza, en especial sus murales y esculturas, y de paso hasta elevé una plegaria a las diosas y musas del arte. Arte que está presente en cada instante de mi vida, y que en lo personal he intentado encauzarlo hacia mi obra, mediante formas, texturas y colores, que quedarán luego plasmados en creaciones que conllevan siempre mis manzanas, al igual, que entregar todo lo que he podido a mi México y su excepcional cultura. Estoy consciente de esa enorme responsabilidad, y por ello desde hace más de cinco décadas, he recorrido el mundo en una travesía fascinante, difícil a veces, pero en todo caso comprometida plenamente con mi vocación. Y celebré esa fecha en paz, satisfecha, con sus alegrías y complicaciones, y bendiciendo la herencia norteña que me transmitió un fuerte temperamento y una reciedumbre que me han impedido claudicar, por lo que decidí que era el mejor momento para rendir homenaje a mis ancestros. Los primeros recuerdos me llevaron a mis maravillosos padres, Napoleón y Esthela; que tanto me forjaron; a mis tías, Cuquita, Chanita y Chela; guías de mis quehaceres; a mis sensacionales hijas e hijo, Martha, Laura y Federico; de quienes me siento orgullosa; a mis solidarios hermanos, de sangre y luchas, Napoleón, Gerardo y Lourdes; a mi familia toda; y a Alejandro, mi brillante y gran compañero, como a Rosalía, Lissette y Andrés, sus destacados hijos. Gratitud que apunta por igual a quienes me formaron en las artes plásticas, con una mención especial a mi inigualable María O´higgins. Y así también, agradecí a tantas y entrañables amigas y amigos, que han creído en mí, dándole sentido a mi trabajo creativo, y aliento para seguir comprometida sin pausa, en busca de mi destino humano, artístico y social. Y un agradecimiento especial a la Secretaria de Cultura y al Instituto Nacional de Bellas Artes, subrayadamente a la Coordinadora Nacional de Artes Visuales, Magdalena Zavala, tan capaz y profesional, además de promover la reflexión en torno al papel del artista en la sociedad. De igual forma, dí las gracias a los medios de comunicación, que tanto me han respaldado en la difusión de mi obra, pues un artista y sus creaciones no nacen del todo si no son conocidas por el público. En fin, mi agradecimiento por tenerme presente, valorar mi obra y ofrecerme un reconocimiento que tanto anhelé como artista que he sido, si bien me era difícil imaginarlo y que a fin de cuentas se inscribe venturosamente en mi historia personal, como un hecho sin precedente. Por supuesto, expresé mi total agradecimiento y admiración a quienes participaron con magníficas intervenciones, que en verdad rebasaron por sus tan lúcidos y generosos conceptos hacia mi persona y mi trabajo: María O´higgins, Guadalupe Loaeza, Hernán Lara Zavala y Alejandro Ordorica Saavedra, de las cuales daré cuenta en mi próxima colaboración. Para mí, representó en efecto una fecha única y excepcional, a tal grado que no sólo será imborrable, sino que más allá de que se celebró siendo ya de noche, pienso que se traducirá en una luz que me iluminará perdurablemente. Desde luego, ratifique mi compromiso de que mientras tenga alientos, por todos los medios —posibles e, imposibles—, he de seguir creativa e intensa para cumplir con la meta trazada a la vez que asumir los retos del destino. Y estuve tan feliz, que igual llegué a sentir que volaba en uno de esos portentosos pegasos que resguardan la entrada del tan icónico y deslumbrante Palacio de Bellas Artes e incluso invite fraternalmente a los presentes a que voláramos juntos, toda una eternidad, si bien antes les ofrecí simbólicamente mi corazón, en forma de manzana, misma que va para ustedes tan apreciadas lectoras y lectores.

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Actualización de página abril 2016