Un inolvidable Homenaje Segunda Parte

August 24, 2017

 

Confieso que sigo sumamente emocionada con el Homenaje que me brindó la Secretaria de Cultura, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes, y como lo prometí reproduzco ahora algunos de los párrafos de los textos de quienes participaron como ponentes.

En el orden de sus intervenciones, debo mencionar primero a Magdalena Zavala, que condujo magistralmente el acto, además de la participación de la gran María O´Higgins, mi primera maestra de dibujo siendo yo apenas una niña de 7 años, que entre otras de sus maravillosas frases, afirmó que “como ella no podía capturar con sus manos el colibrí, lo detuvo con sus pinceles bellamente”.

Luego se leyó el ingenioso texto de mi tan querida amiga y destacadísima periodista y escritora, Guadalupe Loaeza, que contra toda su voluntad no pudo asistir por motivos  de un ya largo padecimiento que le aqueja, por lo que deseo se restablezca muy pronto. Pero siempre solidaria, envió y pidió que su texto se leyera, del cual extraigo ahora unas líneas:

“No conozco persona más agradecida con la vida que Martha Chapa. Ignoro a qué se deba. Seguramente tiene que ver con haber encontrado su verdadera vocación: la pintura. Lleva 50 años pintando. Es decir que desde que tenía 20, pinta con una absoluta entrega. Todos sabemos que su tema predilecto, además de los volcanes, cactus, magueyes y de la Virgen de Guadalupe, son las manzanas. Estas han sido, a lo largo de 50 años, sus verdaderas protagonistas. Como infancia es destino, cuentan que desde que Martha era una niña tenía una conexión sumamente especial con su señor padre. A pesar de su complicidad, debido al trabajo de él, cuando llegaba a su casa, su hija ya estaba dormida. Sin despertarla, le ponía una manzana en el buró. Sin necesidad de recurrir a las palabras, era una forma de decirle pensé en ti y te quiero mucho. Seguramente el señor Chapa nunca se imaginó que gracias a su gesto tan delicado, andando el tiempo, Martha se convertiría en la pintora de manzanas más famosa de México.

Martha es una mujer creadora, auténtica y generosa. En cualquiera de sus múltiples disciplinas se entrega de todo corazón. Así como es entregada en cada uno de sus libros y en sus pinturas, así suele ella entregarse en lo que se refiere a la amistad. Si tienes la fortuna de ser su amigo o amiga, lo serás para siempre. Martha Chapa, son de las amigas a la que se les puede llamar a las tres de la madrugada para pedirle ayuda. A pesar de la hora, allí estará, con una sonrisa en los labios, para ayudar y solidarizarse contigo…

Algo que siempre me ha llamado mucho la atención de Martha es su constante lucha por la causa de las mujeres. Escribe sobre ellas, si hay que organizar una manifestación a propósito de las mujeres, allí está Martha; si hay que recabar firmas, allí está Martha; si hay que donar una de sus obras para recaudar fondos, allí está Martha.

Me pregunto si cuando despertó Martha esta mañana, no encontró en su buró una manzana traída por su padre del más allá. La imagino como el corazón de la pintora, de oro y muy brillante.

 ¡Gracias, querida Martha, por todo lo que nos has dado a lo largo de cinco décadas!”.

 

Continuó, con lo que consideré todo un programa de lujo, mi propio compañero, Alejandro Ordorica, siempre brillante, quien expresó entre otros profundos conceptos, los siguientes:

“Hablo de esa fruta que su padre le obsequiaba y que le acompañará toda  la vida hasta convertirse en su mejor amiga y aliada: la manzana.

Y aclaro, una simbología que si bien aparece y reaparece en su pintura, nunca es la misma: son manzanas distintas que toman su lugar en el lienzo o a veces constituyéndose por sí mismas en un paisaje: Doradas a momentos como en la leyenda griega, verdes en búsqueda de la esperanza, rojísimas entre los andamios de la pasión o tan azules que sólo pueden posar en el bodegón del surrealismo, junto a otras de abstracta vestimenta… Y de distinto ánimo también,  según se atraviese en el pincel de Martha, la alegría, la nostalgia, el amor o la proclama subersiva.

Flora y fauna, que en esa sagrada dimensión, se confabulan para traer una y otra vez hacia nosotros la belleza misma: Una lechuza que simula la risa discreta de la luna, o arriba, águilas que reaparecen y traspasan nubes para delinear los mapas del día, picoteando orografías.

Pero Marta, rebelde y subversiva, como suele ser, entra y sale del portón paradisíaco conforme le viene en gana, para trazar otro plan de vuelo y elevarse a grandes alturas hasta atraer entre sus manos y su pincel, soles y nubes, o internarse en un bosque y aletear entre árboles y arbustos a la velocidad del colibrí o con la serenidad del búho, para sentirlos y plasmarlos al óleo.

Y en todo caso, atestiguar la omnipresencia de ese primer fruto de la humanidad, la manzana, siempre de jugosa historia, que igual se hace acompañar por el himno madrugador del gallo que de la inquietud felina de un gato que tras la ventana intuye aventuras irrenunciables; o versátil, transfigurada ya en una montaña elevada de cielos sucesivos o volcanes prontos a la erupción, que emergen de su ardiente y fluída creatividad como lava indetenible.

Y agregar, de paso, que la virgen morena es igualmente uno de sus motivos estéticos, como también el concepto de la luz que se desprende de sus creencias budistas.

Animalia, flora, y frutalidad, que al ser tocadas por la magia de la artista, se detienen y adoptan la corporalidad de la escultura en hierro e hipnotizan a quien las mira: Una paloma por acá, un ente sirenaico por allá o aquella manzana que frente a nosotros reta la gravedad y nos enseña sus raíces con vocación de celaje.

Martha Chapa pinta, si, porque puede, sabe, quiere y disfruta, cada una de sus pinceladas, esas que parten del notorio talento anidado amorosamente en su ser, y que despunta con el tiempo para convertirse en uno de los grandes valores de la plástica contemporánea de México.

Martha, enhorabuena por ti, por nosotros, por el arte, por nuestra cultura, por que nunca salgamos de tus paraísos infinitos y porque nunca salgamos de tus paraísos infinitos.”

 

Por su parte, culminó las intervenciones el destacado escritor Hernán Lara Zavala, e igualmente van para ustedes algunas de sus líneas:

 

“El camino pictórico de Martha Chapa como el de casi todos los artistas, debe haber sido arduo y difícil.  Se dice que estudió pintura con varios maestros, pero la revelación divina seguramente le llegó en el momento en que observó que para ella el mundo y todos los sentimientos se hallaban relacionados con la naturaleza y, muy específicamente, para ella, con un símbolo, con un enigma. 

La manzana se convertiría así en imagen, metáfora, símil, alegoría y a veces parábola de su mundo. 

Ella necesitaba reflejar un mundo más complejo en el que la manzana fuera su sello distintivo, sí, pero también necesitaba elementos complementarios.  Así combinó sus manzanas con recuerdos, experiencias, fantasías, ensueños y anhelos y de ahí surgieron también sus magníficos autorretratos, con sus paisajes interiores, sus amados animales, su evanescente colorido, sus sugerentes texturas y sus aventuradas composiciones que le han permitido construir todo un mundo pictórico que le pertenece exclusivamente a Martha Chapa, dentro de su inconfundible universo al que siempre le ha guardado la más absoluta fidelidad.

No puedo sustraerme de mencionar otro tipo de cuadros en los que Martha Chapa se integra a la naturaleza: a veces reflejando su amor por los paisajes, las aves y los insectos: gallos, lechuzas, mariposas, panteras o gatos; otras situando sus manzanas junto a violentos volcanes en una suerte de homenaje a José María Velasco o al Dr. Atl o donde se ve a lo lejos el cerro de la Silla que marcó su infancia.

Un elemento de vital importancia en la personalidad artística de Martha Chapa lo representa su amor por la gastronomía y en particular por la cocina mexicana que ha estudiado y ejercido exhaustivamente desde hace muchos años y que forma parte importante de su acervo bibliográfico y cultural que la ha llevado a conducir, desde hace diez años, junto con Alejandro Ordorica, el programa televisivo “El Sabor del Saber”, gracias al cual surgió nuestra entrañable amistad.

Felicitaciones a Martha Chapa, la pintora, la escritora, la autora de libros de cocina, la madre, la amiga, la jardinera, la amante de los animales, pareja de Alejandro, deseándole muchos, muchos años más de vida productiva”.

 

Al final del acto, recibí un hermoso y significativo diploma, entre la algarabía y la felicidad en común con familia, amigos y amigas, así como representantes distinguidos de nuestra sociedad.

Y de nueva cuenta muchas gracias a ustedes tan apreciados lectores.

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