El gran Don Antonio


Bien se dice que si infancia es destino, como ocurrió en el caso de Antonio Rivas Mercado y su hija Antonieta.

De él, debemos decir en primer término que no sólo fue un muy destacado arquitecto e ingeniero, sino también maestro universitario y con inclinación a la pintura.

Originario de Nayarit, puede decirse con toda certeza que se trata de un hombre adelantado y muy de la globalidad, como ahora la entendemos.

Sus padres, Luis Rivas y Leonor Mercado, lo propiciaron así pues lo enviaron a estudiar a la Ciudad de México, y ya apenas en su adolescencia lo inscribieron en un colegio jesuita de Inglaterra para después cursar en Francia estudios preparatorios y luego ingresar a la Escuela de Bellas Artes de París, así como sus estudios de ingeniería en la tan afamada Sorborna, en ese mismo país, además de viajar por Italia y España, donde por cierto queso deslumbrado con la arquitectura mozárabe.

Por eso, cuando regresa a México, ya en 1879, carga con un bagaje privilegiado de conocimientos y experiencias, lo que le valió ser un destacado maestro, y diputado, y en su momento Director de la Academia de San Carlos, de 1903 a 1912, cuando ya había estallado la Revolución Mexicana, lo que seguramente le resultó un contrasentido por la amistad que había sostenido con los presidentes Porfirio Díaz y Manuel González, con quienes trabajo estrechamente.

De sus obras lo mismo, destacan la Columna de la Independencia, que ensoñorea hasta nuestros días en la gran avenida Reforma, y el bellísimo teatro Juárez, de Guanajuato, aunque a la vez son de su autoría otras obras y desarrollos notables, ya sea la Aduana de Ferrocarriles de Tlatelolco o legendarias haciendas como la de Chapingo (propiedad de Manuel González), de Cajete y otras como San Bartolomé del Monte (Tlaxcala, San Antonio Ometusco, ambos en Hidalgo. El Palacio Municipal de Tlalpan e igual casas que hoy

todavía lucen esplendorosas como la de la Calle de Londres donde esta ubicado actualmente el Museo de Cera, y ya no digamos su propia residencia en la calle de Héroes, que lleva por nombre “Casa Antonieta Rivas Mercado”, recientemente restaurada, justo donde nació ella, al igual que sus otros cinco hermanos, procreados por el matrimonio que Don Antonio conformo con Matilde Castellanos, y que al paso del tiempo ella los abandonaría. Por cierto, no deja de llamarme la atención el hecho de que Don Antonio, le

llamaban sus amigos “el oso” por su elevada estatura y evidente corpulencia, además de que llego a diseñar y erigir su tumba en el panteón Francés, y su pretensión, aunque fallida de edificar el Panteón de los Héroes, en un terreno cercano a su casa.

Muere en 1927, casi por cumplir sus 74 años, y un año después de su regreso a México, tras un largo autoexilio.

Bueno pues ese fue el padre de Antonieta, un gran mexicano que sería la simiente de Antonieta, su hija, también una gran mexicana.

Página web:

http://www.marthachapa.mx

Sala-Museo Martha Chapa:

http://www.dgb.uanl.mx/bibliotecas/burrf/salamuseomarthachapa/

Facebook: Martha Chapa Benavides

Twitter: @martha_chapa


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Actualización de página abril 2016