Sergio Fernández, gran maestro

January 24, 2020

 

 

Sergio Fernández fue un amigo fundamental en mi vida por muchas razones.

Un día de los que se presiente que algo importante va a acontecernos, lo conocí en casa de Germán Dehesa. Después de ese encuentro, supe que mi premonición había sido certera. Me encontré con un ser inteligente y sensible. A partir de esa ocasión ya no fui del todo la misma, pues hay seres que nos muestran nuevos caminos.

            Sergio no solo se conformaba con desplegar acciones insólitas sino que convocaba a seguir sus pasos. Gracias a él desentrañé la vida de otra manera;  y nos mostró la literatura de forma distinta. Por eso, a través de sus ojos he comprendido también la plástica con una óptica diferente. No es para menos, porque se trataba de un crítico lúcido, un hombre telúrico que convulsionaba su entorno.

Recuerdo a la vez, que para corresponder a tantas y tantas asombros, durante el homenaje por sus cincuenta años de magisterio, organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, cedí a la tentación de interpretar la iconografía plástica que rodeaba a Sergio, ya que algunos colegas han ejecutado retratos muy interesantes y para fortuna mía he convivido con esas obras durante mucho tiempo en “Los Empeños”.: Mi buena amiga Carmen Parra le hizo muchos bocetos y culminó con un misterioso óleo. Por sus pinceladas arrebatadas y contundentes entendí a ese Sergio caótico, indescifrable, tormentoso, reflexivo siempre, a ratos impenetrable. En el trabajo de Luis Nishizawa son las claves los tonos, en particular el color morado que quizá describa sus preferencias afectivas. En un meticuloso retrato, Lauro López dio rienda suelta a la interpretación del literato y plasmó al hombre que se ha dedicado en cuerpo y alma a las letras y, que siempre se exige al máximo, misma demanda que hacía a sus amigos y alumnos.

 

            Tuve la oportunidad de ver otra pintura de Lauro, quien pensó que le faltaba decir más e hizo un segundo retrato, en este caso un hermosísimo dibujo lineal, exacto, que nos describe al Sergio puntilloso, celoso, exigente, severo, erudito, académico, ente literario y sabio heredero de nuestra tradición oral. Obra que interpreta de manera casi exacta a ese hombre sobrado de todo para el cual sólo existe el extremo. Otro hallazgo fue la graciosa caricatura de Freyre, un tanto irreverente pero de humor chisporroteante, que muestra un marinerito pizpireto y de andar muy coqueto. Ese cartón me remitió a ciertos pasajes de la vida de Sergio, quien no sabe cómo ni por qué, de buenas a primeras, se descubrió a sí mismo en una mesa tapizada de libros, leyendo más y más, “vicio y virtud”, unidos que perdura hasta hoy. La llamada “Perla Tapatía”, fue adversa a su manera de ser libre, desparpajada, intensa, y no le quedó más remedio que volver al Distrito Federal, donde un sinnúmero de experiencias forjaron su vida y por supuesto vertebraron su verdadera esencia.

            Confieso que no resistí la tentación y también le hice un retrato, con gran temor, lo cual no es ninguna excusa. Mientras lo pintaba pensé en mi amigo irónico y lúcido, y no pude sustraerme del significado tan especial que tiene para él la paternidad, quizá por lo mucho que sufrió. Le duele ese amor en las entrañas cuando suele ser mal correspondido.

            Y hacer hoy finalmente alguna reflexión más en torno al emotivo aniversario que celebro la UNAM, y que sin duda le dieron a él, margen suficiente para inventar o destruir, sufrir o gozar, y para construir un horizonte que dé razón y sentido a una existencia. Cinco décadas que presenciaron un desfile de generaciones esperanzadas, de jóvenes pletóricos de inquietud. Así no sólo ha sido un maravilloso creador literario, sino que ha ejercido el raro don del desprendimiento y la generosidad de haber compartido esta visión con miles de discípulos.

           

 

Sergio fue muchas veces objeto de homenajes, y sin duda seguirá siéndolo. Ser profesor durante medio siglo, representó vocación, talento, entrega, esfuerzo, constancia y en especial generosidad, como él lo hizo. Pudo no haber escrito nada. Hubiera bastado con que alzara la voz para impregnar el aula con su talento y tan sólo por eso merece el reconocimiento de tantos jóvenes que colmaron su conciencia de buenas razones para seguir en el camino de la esperanza y las letras.

 

Página web:

http://www.marthachapa.mx

 

Sala-Museo Martha Chapa:

http://www.dgb.uanl.mx/bibliotecas/burrf/salamuseomarthachapa/

 

Facebook: Martha Chapa Benavides

Twitter: @martha_chapa

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